El afloramiento de agua subterránea ha
sido una constante en Aguadulce desde tiempos inmemoriales, estando
en la base de la ganadería trashumante y de la aparición de los
invernaderos
Con demasiada frecuencia ignoramos la
toponimia que nos rodea. No nos preguntamos por qué una rambla se
llama «de la Culebra» o «de San Antonio», qué era el Campillo
del Moro, por qué existe una «algaida» tan cerca nuestra o,
sencillamente, a quién se le ocurrió llamar así a Aguadulce a
pesar de su clima subdesértico y a encontrarse a orillas del salado
Mediterráneo.
La explicación reside en las
«cacimbas», un término hoy en desuso, pero que hacía referencia a
unos pequeños manantiales de agua que veían la luz en la zona del
actual puerto de Aguadulce. Procedían de las filtraciones de la
Sierra de Gádor, que manaban en la zona donde entonces terminaba la
playa y comenzaban los acantilados del Cañarete.
Pero estas cacimbas no eran el único
manantial de la zona, sino que a los pies de la Torre de Rambla Honda
también existía otro. Esta torre se encontraba muy próxima a la
playa, en la que sabemos que en 1709 una flota inglesa desembarcó y
se proveyó de agua, en el marco de la Guerra de Sucesión. Una
tercera fuente de agua se señala en un mapa de 1897 de Enix, al que
pertenecía entonces Aguadulce, en forma de un «estanque» situado a
medio camino entre la actual Avenida de Carlos III y el cementerio.
Más cerca de Roquetas, en la Ribera de
la Algaida, encontramos un cuarto y curioso manantial. El Bosque era
una zona del norte de la Algaida donde la vegetación se espesaba;
era, por tanto, una zona que atraía a los pastores trashumantes,
aprovechando el abrevadero de la Ñoretilla para que el ganado se
refrescase. A su paso por la playa y a los pies del taray centenario,
los pastores se sorprendían viendo cómo las cabras y ovejas
«enloquecían» y se lanzaban al mar, comenzando a beber agua. No
era locura, sencillamente el agua dulce nacía dentro la orilla del
mar.
Los acuíferos que alimentaban estas
afloraciones de agua eran bien aprovechadas en Aguadulce a través de
pozos y norias. No en vano, en 1906 aparece en el periódico
almeriense «El Radical» una noticia titulada «Alumbramiento de
aguas» que partía de vecinos de la zona, en la que se indica la
existencia de un «río subterráneo» en Aguadulce que «abunda
notablemente a la orilla del mar el agua potable». Seguidamente se
indica que «alumbrando y encauzando convenientemente las aguas del
supuesto río, se podría regar con ellas la hoy estéril llanura,
que desde el citado pueblo de Aguadulce se extiende hasta la ciudad
de Adra». Precisamente en comunicaciones de este tipo estaría el
origen de las torretas para extraer agua que el Instituto de
Colonización situó en todo el Poniente Almeriense y, especialmente,
en Aguadulce, para abastecer a la incipiente agricultura de
enarenados y bajo plástico.
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Fuente construida por el Ayuntamiento de Roquetas en 2004 y abandonada en la actualidad. (Fuente: Realización propia) |
Es a través de pequeños elementos
como una fuente, una torre, una antigua casa, un molino abandonado o
un árbol centenario, como se va reconstruyendo la historia desde
abajo, desde lo local. Si no se cuidan, difunden y ponen en valor,
estaremos condenando al histórico pueblo de Aguadulce a ser lo que
no es, a verse degradada a una de las muchas urbanizaciones que
pueblan la costa española.