Si viajásemos a cualquier ciudad o pueblo, por pequeño que fuese, nos gustaría pasear por sus calles antiguas, sentir su historia y contemplar los vestigios de su pasado. De lo contrario, posiblemente ni siquiera nos molestaríamos en visitar un sitio donde no hay nada que ver. Bien, hagamos este ejercicio a la inversa: un turista que nos deleite con su visita este verano podría pedirnos que le indicásemos cómo llegar al casco histórico de Roquetas, a «la parte antigua del pueblo» dirían algunos. Nuestra respuesta oscilaría entre la mueca y el desconcierto: «Roquetas no tiene de eso», responderíamos quizás avergonzados.
1. Plaza del ayuntamiento entre 1957 y 1976. (Fuente: Archivo de Gabriel Cara González) |
Si empezamos por la plaza central del pueblo nos encontraremos con el mayor atentado contra la historia roquetera de los muchos que se han cometido: la destrucción del ayuntamiento antiguo (imagen 1 y 2). Debemos remontarnos a 1777 para explicar el origen de este edificio, cuando Roquetas dejaba de ser una pedanía autónoma de Felix para constituirse como municipio independiente. Como prueba documental de su construcción tenemos un acta capital de 1787 facilitada por Gabriel Cara Rodríguez, en la que se documenta el acarreo de piedras para su construcción.
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2. Demolición del ayuntamiento antigua en noviembre de 1976. (Fuente: Archivo de Gabriel Cara González) |
3. La única casa de lucernario que queda en la Plaza de la Constitución. (Fuente:Realización propia) |
Al igual que en la Plaza de la Constitución, la Avenida de Juan Bonachera también ha sufrido un proceso paulatino de demolición del que hoy sería nuestro casco histórico. La mayor parte de las casas que aquí había fueron vendidas por sus dueños y derrumbadas para construir en su lugar bloques de pisos (imagen 4). Se trataba de viviendas muy coloridas de planta baja o de dos plantas como mucho, que respondían a la misma tipología de casa con lucernario, cuya conservación habría permitido mantener el encanto que Roquetas un día tuvo y cuyo lugar hoy lo ocupan moles de ladrillo y hormigón que hacen que esta antigua parte de la ciudad, que podría haber sido un gran recurso turístico y patrimonial, hoy sea un simple barrio residencial.
4. Una de las pocas casas antiguas en el entorno de la Avenida Juan Bonachera. (Fuente: Realización propia) |
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5. Casa de los Marines en el momento de su demolición. (Fuente: Archivo de Gabriel Cara González) |
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6. Antigua casa de la Avda. Juan Bonachera, hoy desaparecida, derrumbada por el ayuntamiento. (Fuente: Realización propia) |
Como saben nuestros mayores y como se habrá percatado el lúcido lector, la ampliación del centro urbano responde a una iniciativa organizada y ejecutada desde el exterior. Precisamente en ese punto reside su singularidad: los edificios y casas de Colonización no son decisiones individualizadas y desordenadas de roqueteros, sino que forman parte de todo un proyecto urbano que preveía distintos tipos concretos de casas, edificios de servicios y un trazado regular de las calles. Repasando el libro del Instituto de Estudios Almerienses Los pueblos de colonización en Almería, las viviendas se organizaron en torno a la Plaza Alcalde Pomares (llamada entonces «Plaza de Colonización»), donde se ejecutó el conocido pórtico con arcos para albergar artesanos, comerciantes y otros servicios sociales, que albergó también el famoso Cine Cara.
Quedan todavía algunas casas de colonización; sin embargo, el ayuntamiento no prevee la protección suficiente para evitar que sigan destruyéndose. Así lo pudimos comprobar cuando el ayuntamiento, siguiendo el mismo triste procedimiento que con la casa de la Avenida de Juan Bonachera antes nombrada, derrumbó la casa situada en la esquina entre la calle Miramar y la calle Las Marinas (imagen 7). Un descampado con vallas publicitarias ocupan hoy su lugar. Esta es Roquetas, señores, la que hace casas y las gasta en solares.
Ya sabemos por qué Roquetas no tiene casco histórico: porque el ayuntamiento no le ha prestado ni le presta atención y porque el pueblo roquetero no ha sabido valorar su historia. Desde luego, habría sido interesante mantener las primeras líneas de casas alrededor de la Plaza de la Constitución y de la Avenida Juan Bonachera, puesto que no se trata de conservar todas y cada de las casas antiguas de todos los barrios de Roquetas, pero sí de proteger una muestra representativa de ellas que recordasen a roqueteros y visitantes ese pequeño pueblo que hace poco éramos.
Flaco favor hace el ayuntamiento en su empeño de engordar la nómina de solares del pueblo y el bolsillo de unos pocos, en perjuicio del patrimonio histórico y cultural que pertenece a todos los roqueteros. Pero no está todo perdido, y aquí es donde nuestra administración municipal tiene que demostrar un cambio de actitud. Muy buena idea sería ampliar la oferta museística de Roquetas, como instalar un museo etnológico de usos y costumbres en alguna de las casas de colonización, a la vez que mostrar cómo eran en su interior. Otras líneas serían exponer cómo actuó el Instituto de Colonización tanto en Roquetas y otras localidades de nuestro municipio, o explicar los inicios de la agricultura bajo plástico, que sigue siendo un pilar fundamental para la economía roquetera. Desde luego, posibilidades no faltan.
Una ciudad que quiere ser turística no puede seguir destruyendo sus oportunidades de turismo. Una ciudad que quiere tener un centro urbano vivo no puede reducirlo a ser una zona residencial más. En definitiva, una ciudad que se proclama como tal, y que existe como pueblo desde hace más de 250 años, no puede seguir diciendo que no tiene historia.
Roquetas tiene que dejar de vivir de espaldas a su pasado, encarar todos los errores cometidos y asegurar que nunca más se volverán a perpetrar los atentados contra nuestro pasado que hemos descrito. Hasta hoy podíamos refugiarnos en el desconocimiento para no hacer nada por todo lo que tenía nuestro pueblo. Pero ahora que lo sabemos, si no hacemos nada no podremos echarle la culpa a nuestra ignorancia, sino que será responsabilidad de la incompetencia de aquellos que nos gobiernan y del consentimiento de los gobernados que lo permitimos.
(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de julio de 2016, en la sección «De Turaniana a Las Roquetas»)