Este seísmo se llevó por delante la vida de 162 roqueteros a causa del derrumbe de numerosas viviendas y edificios; entre ellos, el Castillo de Santa Ana
Por todos es conocido que el Sureste de la Península Ibérica acumula buena parte de la actividad sísmica de nuestro país, provocada por la confluencia entre las placas tectónicas africana y la euroasiática. Lo supiesen entonces o no, un trágico 25 de agosto de 1804 los habitantes de Roquetas lo sufrieron en sus propias carnes.
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Ruinas del Castillo de Santa antes de su reconstrucción. (Fuente: Archivo de Gabriel Cara González) |
Pero la serie de seísmos más destructora ocurrió entre el 22 y el 28 de agosto. Imaginemos por un momento el pánico general de la población en aquellos días, desprovista de la información al minuto que disfrutamos hoy y con unas viviendas poco preparadas ante terremotos. Como nos muestran los textos históricos, el único remedio posible consistía en salir a las calles ante la mínima sacudida para evitar ser sepultados por sus propias casas. Incluso las más altas instituciones tomaron medidas: el ayuntamiento de Almería y el cabildo de la Catedral realizaban sus reuniones en las plazas de la ciudad.
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Placa en la entrada del Castillo de Santa Ana que recuerda el terremoto de 1804. (Fuente: Realización propia) |
Según el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y Espinar Moreno, la intensidad máxima fue de IX grados en la escala de Mercalli, quedándose en VIII para Roquetas. Conviene recordar la diferencia entre magnitud e intensidad; la primera se mide en la Escala de Richter e indica la energía que provocó el seísmo, por lo que es algo difícilmente cuantificable a nivel histórico. Por eso hablamos de intensidad, medida en la Escala de Mercalli y que muestra los daños humanos y materiales, lo cual si permite una aproximación a través de las muertes y derrumbes que nos dan las fuentes históricas-
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Mapa de isosistas del terremoto del 25 de agosto de 1804, con epicentro en Dalías. (Fuente: Manuel Espinar Moreno) |
Aquel seísmo con epicentro en Dalías se llevó la vida de unas 407 personas en toda la comarca según el IGN. Concretamente en Roquetas murieron 162, de una población total que no llegaba a los 2.000 habitantes según nos transmite Enrique Silva Ramírez en su libro Roquetas de Mar. Apuntes para su Historia. No cabe duda de que supuso toda una catástrofe demográfica para nuestro pueblo, con una población ya de por sí diezmada por la malaria, que en aquella época recibía el nombre de «fiebres tercianas». El Estado por su parte reaccionó ante esta catástrofe y eximió a las zonas afectadas del pago de impuestos ese año.
Haciendo un balance general, este terremoto ha sido el más dañino ocurrido en nuestra provincia en los últimos 300 años y sólo fue superado en la zona de Andalucía Oriental por el de Arenas del Rey (Granada) en 1884. Nuestro día a día no permanece ajeno al alto riesgo sísmico al que nos enfrentamos, como prueban los pequeños terremotos ocurridos en los últimos meses. Esto demuestra y nos recuerda una vez más que la Historia es tan palpable e irremediable que desgraciadamente puede volver a repetirse en cualquier momento.
(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de mayo de 2016, en la sección «De Turaniana a Las Roquetas»)