viernes, 8 de abril de 2016

Una aldea andalusí en la Ribera de la Algaida: al-Biŷānis


Pese a que el conjunto arqueológico de la Ribera de la Algaida, en el que nos encontramos la romana Turaniana y al-Biŷānis, es conocido desde hace más de 150 años, ninguna administración se ha dignado a ponerlo en valor


Enterramiento musulmán en el entorno de Torrequebrada
En los últimos años la Ribera de la Algaida se ha configurado como un paraje de alta riqueza en fauna y flora, así como un marco incomparable en el que disfrutar de las playas de nuestro municipio. Pero no son el único valor que guarda. Un yacimiento arqueológico, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1991, permanece enterrado, olvidado por obra y gracia de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Roquetas.

A la conocida Turaniana, un enclave romano de alta actividad pesquera y de salazones, la sucede en el periodo medieval una aldea musulmana que las fuentes árabes llaman al-Biŷānis, al-Binŷās o Baŷānis. El nombre lo conocemos por los geógrafos al-Udri, nacido en la vecina Dalaya (Dalías) en el siglo XI, y al posiblemente ceutí al-Idrisi. Este último, importante geógrafo musulmán del siglo XII, en su obra «Recreo de quien quiera recorrer el mundo» describe una serie de rutas de viaje. Entre ellas habla del camino de Almería a Málaga, donde aparece esta al-Biŷānis como una alquería situada a 6 millas al oeste de Almería, ruta que continúa hacia Berja y Dalías. También se nombra un torre desde donde se encendía fuego para avisar de barcos enemigos, posiblemente una de las existentes en nuestra costa.

La Torre Quebrada en 1959, años antes
de su voladura. (Fuente: La Voz de Almería)
La extensión de al-Biŷānis no alcanzó la de Turaniana, más bien se limitó a su parte norte, en el entorno de Torrequebrada. Los restos arqueológicos que nos han llegado son igualmente escasos: cerámica medieval y un cementerio árabe, con enterramientos como el que presentamos en la imagen. Los enterramientos se hacían generalmente sin grandes riquezas, con el cuerpo apoyado sobre su costado derecho y con la cabeza mirando hacia La Meca.

Algo excepcional en un asentamiento andalusí de este tipo es su escasa inclinación hacia la agricultura y la ganadería, que sí pudieron ser practicadas en las zonas aledañas pero que no fueron la principal actividad de al-Biŷānis. Fue precisamente la pesca la principal labor de sus habitantes, que aprovecharon el portezuelo de los Bajos de época romana. No debemos pensar en un puerto de escala de los diferentes navíos, sino en un fondeadero de uso local, aunque su uso como abrigo ante los temporales es completamente plausible. Tampoco podemos olvidar la obtención de sal de las cercanas charcas, que volverían a ser explotadas en época nazarí y tras la conquista castellana no dejarían de estarlo hasta hace unas décadas.

Fragmentos de cerámica hispanoárabe hallados en el
entorno de Torrequebrada. (Fuente: Lorenzo Cara
Barrionuevo y Jorge Cara Rodríguez)
Estos datos los conocemos gracias a los objetos depositados en el Museo arqueológico de Almería, varias prospecciones y una excavación de 1993. Sin embargo, la excavación completa del yacimiento con técnicas actuales sigue siendo una tarea pendiente, por lo que todavía tenemos mucho camino por delante para conocer en todas sus dimensiones esta aldea musulmana. Sin lugar a dudas sigue siendo necesario un ambicioso proyecto de protección, excavación, rehabilitación y difusión del pasado romano y andalusí de Roquetas.

Pero esta necesidad choca contra la pared mental de algunos políticos, que siguen en una patética actitud de «si no lo veo no existe». Mientras sigan en esa línea, estarán privando a los roqueteros y a todos nuestros visitantes tanto de una potencial fuente de turismo como de un derecho fundamental: conocer nuestra historia.


(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de abril de 2016, en la sección «De Turaniana a Las Roquetas»)

jueves, 10 de marzo de 2016

La Semana Santa en el recuerdo

Incienso, varales, flores y tambores se vuelven imprescindibles acompañantes de la Semana Santa en cada pueblo de España. Esta celebración en Roqietas adquiere sus matices propios, caracterizada por su modesto recorrido y su dispersión en las distintas barriadas, pero a la vez por una notable variedad que convierten a nuestro municipio en un pequeño mosaico de las distintas formas de sentir estas fechas.

De lo que sí carece Roquetas es de imágenes anteriores a la Guerra Civil, pues al igual que ocurrió en tantos otros pueblos de España, era frecuente la quema de tallas religiosas por parte de los sectores más radicales. Conscientes de ello, los vecinos más devotos decidieron protegerlas en sus propias casas. Sin embargo, un chivatazo puso en conocimiento de estos grupos el paradero de las imágenes, permitiendo que fueran requisadas. Su destino fue el de tantas otras: el fuego. En este caso, fueron quemadas definitivamente en la actual Plaza de los Tres Mártires, frente a la jefatura de la policía local, provocando así una de las muchas pérdidas de patrimonio artístico de este oscuro periodo de la historia española.

Se iniciaría después, tras la implantación de la dictadura franquista, un proceso de reposición de las distintas imágenes. Una de las primeras en llegar fue la Virgen del Rosario, patrona de Roquetas desde 1797, donada en 1940 por Manuel Martín Amat; se trataba de un afamado oftalmólogo roquetero que posteriormente se trasladaría a Madrid. A él también debemos el crucificado que hoy se expone en la capilla lateral de la parroquia, adquirido en 1944 y presumiblemente llamado Cristo del Perdón. En cualquier caso, faltaba fundar una hermandad de la que siempre había carecido el municipio.

Los primeros intentos debemos buscarlos en 1956, cuando se intentó fundar una Cofradía del Santo Sepulcro. En una carta escrita por uno de sus fundadores, Francisco Estrella Pomares, a quien también debemos la fundación del Club Deportivo Roquetas en 1933, le comunica al citado Manuel Martín su nombramiento como Hermano Mayor Honorario. En agradecimiento por ello, regalaría la imagen titular del Cristo Yacente. Desgraciadamente esta hermandad no prosperó, aunque sí se sacaría en sucesivas ocasiones en procesión el Santo Sepulcro el Viernes Santo.

Cofradía de la Virgen de los Dolores

La primera fundación exitosa se la debemos a la Cofradía de la Virgen de los Dolores, que iniciaría sus pasos en 1988 a raíz de un grupo de seis familias, aprobando sus estatutos dos años más tarde. Sacaría por primera a la Virgen de los Dolores el Viernes Santo de 1991 en la procesión de la Soledad, en un trono todavía sin terminar. Esta imagen había sido encargada por un matrimonio roquetero en 1955 al valenciano Inocencio Cuesta López, en sustitución de la anterior talla de la Escuela Murciana que se quemó durante la Guerra Civil.

Cristo del Perdón en el Jueves Santo de 1997.
(Fuente: Archivo de la Cofradía de la Virgen de los Dolores)
Esta hermandad experimentó un crecimiento vertiginoso en el número de hermanos y penitentes. También aprovechó las imágenes existentes en la parroquia: el Cristo Yacente de la fallida hermandad del Santo Sepulcro saldría en los siguientes años el Viernes Santo, acompañado de la Virgen de los Dolores, mientras que el Cristo del Perdón lo haría el Jueves. Este último saldría por última vez en 1999, pues la cofradía había encargado a Luis Álvarez Duarte una nueva imagen: el Cristo en su Divina Misericordia, sin duda una de las mejores obras que existen en Roquetas.

Mención aparte merece el Nazareno, que procesionó por primera vez el Miércoles Santo de 1993; se trataría de la única imagen que podría ser anterior a la Guerra Civil, pues fue traído desde Pechina en los años 40. Nada más sabemos sobre su historia anterior. Permaneció abandonado desde entonces en la parroquia de Roquetas, con un cuerpo de madera que sería desechado; poco más que el torso y la cabeza quedaba de él cuando fue condenado a la destrucción, pero fue rescatado por Joaquín Ojeda, hermano mayor de la hermandad y procedente de una familia de carpinteros. Le realizó unas manos y pies que consolidó en una estructura con el torso y la cabeza, estado en el que ha permanecido hasta hoy.

Hermandad de la Expiración

Cristo de la Expiración en su primera procesión
el Martes Santo de 1999. (Fuente: Archivo de
la Hermandad del Cristo de la Expiración)
En 1994 se funda una segunda hermandad en la Iglesia de la Virgen del Rosario, la del Cristo de la Expiración, con la idea de realizar una estación penitencial basada en la austeridad y el silencio. La imagen titular se encargaría ese mismo año al imaginero Jesús Curquejo Murillo, aunque habría que esperar cuatro años para la aprobación de los estatutos del Cristo de la Expiración. Sería en 1999 cuando saldría por primera vez en procesión el Cristo de la Expiración en dirección a los salones parroquiales de San Juan Bautista de las 200 Viviendas, sobre las parihuelas que se observan en la imagen a las que precisamente retornará este año 2016.

La hermandad iría progresando a lo largo de los años, desplazándose al nuevo templo de San Juan tras su construcción y adquiriendo un nuevo trono en 2001. Lo haría siempre presidida por un silencio en sus procesiones que sólo era roto por el tronar de los tambores que tanto la caracterizan. La último incorporación de esta hermandad será en 2013 con la Virgen de las Lágrimas, única dolorosa arrodillada del municipio, que fue encargada al imaginero murciano Juan José Páez.

Para finalizar, restaría hablar de las otras hermandades de Semana Santa del municipio, como son la del Cristo de la Buena Muerte de El Parador y la de María Madre de la Iglesia de El Solanillo, que desarrollaremos en futuros artículos.


(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de marzo de 2016, en la sección «De Turaniana a Las Roquetas»)

domingo, 14 de febrero de 2016

La primera iglesia de Roquetas

Hay un testigo mudo que ha acompañado a Roquetas desde que era una pequeña barriada de pescadores y agricultores; un testigo que ha visto nacer y morir a largas generaciones de roqueteros pero que, como el propio Roquetas, también ha ido evolucionando, cambiando su fisionomía para adaptarse a los nuevos tiempos. Hablamos de la Iglesia de la Virgen del Rosario, la parroquia más antigua del municipio.

Iglesia de la Virgen del Rosario anterior a la restauración
de 1957. (Autor: Domingo Fernández Mateos,
en la página «Almería en cristal»)
¿Por qué surge la necesidad de construir un templo aquí hace algo más de 250 años? Hasta entonces, las funciones religiosas habían sido acogidas por una capilla del Castillo de Santa Ana, que había sido ampliado a finales del siglo XVI a partir de la Torre de las Roquetas, a la que se le añadieron varios lienzos de muralla. Esta capilla dependía de la parroquia de Vícar Viejo, y en ella atestiguamos también la más antigua devoción en nuestro pueblo, puesto que en ella veneraban una imagen de Santa Ana. Durante todo el siglo XVII la población de Roquetas, que ni siquiera existía como pueblo, se limitaba a los soldados del castillo y de las distintas torres del litoral. Sería en torno a la década de 1730 cuando habitantes procedentes de Enix, Felix y Vícar construyen los primeros cortijos alrededor de la fortaleza, dando lugar a un proceso migratorio hacia Roquetas desde los pueblos colindantes que aumentaría todavía más en la siguiente década.

Es entonces cuando se plantea la necesidad de levantar una iglesia que acoja a esta nueva población, de en torno a 200 vecinos en 1757, fecha en la que fue concluido el templo. Desconocemos cuándo se comenzó a edificar, aunque podemos suponer que fue a finales de la década de 1740. Se trata de una construcción sencilla, con una planta de cruz latina (aquella con uno de los cuatro segmentos más largo que los otros tres) y sin naves laterales. Se compone con materiales baratos como la mampostería (sillares de piedra irregulares y sin pulir) y el ladrillo. Aparte de la puerta principal, presenta otra lateral sobre la cual se encontraba el escudo del obispo del momento, que seguramente quedó destruido tras la reforma de 1957 en la que se le adosaron unas habitaciones laterales al templo.

Sobre la cubierta de la iglesia, se cuenta que una vez construidos los muros, un pescador roquetero preguntó qué techo le pondrían, ante lo que otro respondió «nos traemos un barco y se lo ponemos boca abajo». Dicho y hecho: cuando los pescadores volvieron a visitar el templo una vez acabado, corroboraron que su propuesta se había llevado a cabo. Pero la realidad es otra, y es que aunque el parecido es notable, en realidad se trata de una armadura mudéjar con una serie de tirantes que precisamente parecen simular las bancadas de un barco.

En cuanto al crucero (lugar central de la iglesia con la intersección de los brazos de su cuz), sobre él se eleva una cúpula encamonada de 13'65 metros; este tipo de cúpula típica en el Barroco se caracteriza por tener una función más estética que arquitectónica, ya que realmente no soporta ningún peso. Se trata de un tipo de cubierta realizada con cañas u otros materiales ligeros que se disimulan cubriéndolos con yeso. De hecho, si nos fijamos en el exterior de la iglesia corroboraremos que esa cúpula no funciona como soporte, ya que se encuentra coronada con una cubierta a cuatro aguas que alcanza mayor altura que la cúpula interior.

Resta hablar de la torre, en un principio mucho más baja que la actual, que data de la reforma de 1957; de hecho, inicialmente apenas sobresalía medio metro por encima del resto del templo, mientras que hoy es un elemento mucho más visible. Esta reforma también se llevó por delante un púlpito existente en el interior del templo, que hoy día ya no existe; a la vez que pintó de blanco los bloques de mampostería de la fachada, que hasta entonces habían mostrado el color natural de la piedra.

El proyecto de la iglesia se lo debemos a Buenaventura Rodriguez Tizón, más conocido como Ventura Rodriguez, quien también diseñó el Palacio de Liria y la Fuente de Cibeles en Madrid, entre muchas otras obras. En nuestra provincia le debemos la iglesia de Olula del Río, la fachada de la parroquia de San Sebastián de Almería y el Palacio del Almanzora, además de numerosas reformas en otros templos. No obstante debemos tener en cuenta que Ventura Rodríguez nunca pisó Almeria, sino que realizaba el diseño que otros arquitectos ejecutaban después in situ. Desgraciadamente desconocemos quién se encargó de dirigir la edificación, aunque no obstante sabemos que fue pagada a expensas de los roqueteros y con la ayuda del obispado de Almería.

La nueva iglesia jugó también un papel fundamental en el plano político, en las reivindicaciones de Roquetas como municipio propio frente a Felix, del cual dependía. Un edificio de semejantes dimensiones suponía una seña de identidad para el pueblo, que fue utilizada como argumento para pedir el reconocimiento de un ayuntamiento, obteniéndose en 1777.

Estado actual de la Iglesia de la Virgen del Rosario.
(Fuente: Wikimedia Commons)
Por último, nos queda explicar el patronazgo de la parroquia. En esta época eran frecuentes las epidemias de lo que las fuentes llaman «fiebres tercianas», una denominación que nos resultaría incomprensible a no ser que la sustituyamos por su sinónimo actual: la malaria o paludismo. Pese a que hoy veamos esta enfermedad como algo lejano y circunscrito al Tercer Mundo, hasta comienzos del pasado siglo XX era una afección extendida por todo el Mediterráneo. Para más señas, a finales del siglo XVIII este trastorno traía de cabeza a la población de Roquetas, que veía con absoluta impotencia enfermar y fallecer a muchos de sus habitantes (entre 1797 y 1799 se contabilizaron más de 300 muertos). Ante la desesperación por la aparición de un brote de malaria en Roquetas, se decidió elegir por sorteo el 17 de abril de 1797 una imagen de la iglesia para que fuese el patrón o patrona del pueblo; a ella se encomendarían todas las peticiones de los roqueteros para acabar con sus padecimientos.

Sería la mano inocente de un niño, Antonio Villanueva, el encargado de extraer una de las papeletas con el nombre de las distintas imágenes, resultando elegida la Virgen del Rosario. Con respecto al resto que entraron en el sorteo, entre ellas se encontraban algunas que existen todavía hoy, aunque readquiridas tras la Guerra Civil: Cristo Crucificado, Virgen del Rosario, Virgen de los Dolores, Inmaculada, Santa Ana, San José y San Marcos. Pero también otras que nadie se preocupó de encargar de nuevo, como el Ecce Homo, la Virgen del Pilar, San Pedro y San Lázaro. Cuenta la tradición que alguien reprochó que el niño llevaba la papeleta de la Virgen del Rosario en la mano antes del sorteo, por lo que se repitió, con idéntico resultado.


(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de febrero de 2016, en la sección «De Turaniana a Las Roquetas»)

domingo, 10 de enero de 2016

Los inicios turísticos de Aguadulce


El turismo de Aguadulce no podría entenderse sin la figura de Máximo Cuervo, quien para bien o para mal, ocupa un lugar en la historia que nadie puede negar


Vista de Aguadulce en 1967
(Fuente: Biblioteca Virtual de la Diputación de Almería)
Aguadulce es hoy uno de los principales focos turísticos de la costa mediterránea española, con una oferta que bebe del atrayente binomio de sol y playa acompañado de un calmado oleaje y temperaturas agradables. Pero su situación como núcleo de veraneo no siempre ha sido así, sino que debemos rastrear este origen en su declaración en 1964 como «Centro de Interés Turístico Nacional».

La localidad de Aguadulce toma su nombre de un manantial de agua situado cerca del actual puerto deportivo y del que sólo queda una pequeña fuente. A pesar de haber sido inaugurada hace pocos años, hoy permanece completamente seca e inaugurada recientemente. En cualquier caso, nos permite saber la ubicación aproximada del antiguo manantial, puesto que las construcciones de la zona han cegado por completo aquella vieja gloria.

Cartel de 1964 sobre la nueva urbanización
de Aguadulce. (Fuente: Archivo
General de Andalucía) 
El núcleo, inicialmente perteneciente a Enix, fue incorporado al término municipal de Roquetas de Mar un 24 de junio de 1927, cuando el consistorio roquetero decide aceptar la cesión propuesta por el enixero. Posteriormente se realizan los deslindes a la vez que se agrega también una pequeña porción de Vícar. En 1931 Enix pide la devolución de los núcleos cedidos, a lo que accede Roquetas; es entonces un año más tarde cuando un vecino de Aguadulce protesta por la petición de Enix, iniciándose un litigio entre los distintos ayuntamientos que tardará años en resolverse.

Con la incorporación al término municipal de Roquetas de Mar se acometen las necesarias reformas que precisaba: se crea una escuela en 1929 al igual que se hace en El Puerto de Roquetas, se realizan obras para aumentar la cantidad de agua que proporcionaba la citada fuente y se procede a la iluminación de sus calles gracias a la presión de un grupo obrero de la zona.

Las primeras referencias al turismo las encontramos en 1935, cuando el alcalde pedáneo a través de un escrito solicita permiso para construir chozas de cañas que favorezcan el disfrute de la estancia en la playa, frecuentada en verano por vecinos adinerados de Almería capital y de zonas más alejadas. Tras las penurias de la Guerra Civil y la Posguerra, nos encontramos con que en torno a 1950 tenía alrededor de 27 casas y apenas 300 habitantes.

Petición de Máximo Cuervo a fecha de 2
de marzo de 1964 para la declaración de
Aguadulce como «Centro de Interés
Turístico Nacional. (Fuente: Noticias
de Almería) 
Pero repentinamente un 28 de diciembre de 1964 aparecían en el Boletín Oficial del Estado (BOE) un conjunto de seis núcleos urbanos que recibían el título de «Centro de Interés Turístico Nacional», entre los que se encontraba Aguadulce. Observando el contexto anteriormente descrito, resulta casi una inocentada -propia del día que aparece en el BOE- que un núcleo de semejantes dimensiones y con una importancia turística tan limitada fuese seleccionado, en vez de haberlo hecho con otros muchos centros turísticos más pujantes que salpicaban la costa española. Puesto que en la historia las cosas no ocurren por casualidad, podríamos preguntarnos por qué el régimen franquista decidió fijarse en esta pequeña barriada almeriense para elevarla a semejante categoría nacional.

A poco que investiguemos nos encontramos detrás de esta declaración con la figura de Máximo Cuervo. Durante la dictadura ostentó los cargos de director general de Prisiones, consejero del Consejo Supremo de Justicia Militar y consejero permanente del Consejo de Estado. En consecuencia y pese a que lo situemos como una figura fundamental para la historia de Aguadulce, no podemos olvidar que fue uno de los encargados de la represión franquista.

Máximo Cuervo Radigales.
(Fuente: Diputación
de Almería)
Defensor de la existencia de acuíferos bajo el Poniente Almeriense, favoreció la llegada del Instituto de Colonización a esta zona, con la consecuente fundación de distintos núcleos de población y la puesta en marcha de la agricultura bajo plástico que todavía hoy caracteriza la zona.

Su interés económico por Aguadulce no se limitó al sector turístico, puesto que anteriormente había tenido en su propiedad una serie de terrenos agrícolas que puso en producción. No obstante, el papel de Máximo Cuervo fue fudamental cuando creó la Sociedad Urbanizadora Aguadulce, de su propiedad, que construyó un hotel y fue un pilar fundamental para que recibiera el título citado en 1964. Su intención era evitar el crecimiento anárquico y desproporcional que estaban experimentando otros focos costeros en aquella época. Por tanto, vemos que detrás de la petición de que Aguadulce se convirtiese en «Centro de Interés Turístico Nacional» no hay ningún espíritu altruista, sino un interés por convertirse en promotor urbanístico y obtener beneficio de ello.

Vista de Aguadulce en 1970
(Fuente: Biblioteca Virtual de la Diputación de Almería)
El primer contacto de Máximo Cuerva con Almería fue con 12 años en 1906, cuando acudió a nuestras costas para acelerar la curación del tifus que padecía. A partir de aquí empezó a valorar muy positivamente este rincón almeriense y a visitarlo recientemente, ganándose el afecto de los vecinos; y es que las investigaciones documentales más minuciosas ponen de manifiesto su posicionamiento a favor de los habitantes de Aguadulce, en la disputa que nombramos anteriormente, al querer seguir unidos a Roquetas cuando en 1931 Enix pidió su devolución. A su vez, parece ser que también influyó a favor de los presos políticos de Roquetas tras la Guerra Civil.

Con este breve recorrido general sobre la Aguadulce del siglo XX podemos entender mejor cómo esta pequeña barriada consiguió erigirse como una parada obligada en el Mediterráneo español, foco de atracción turística que todavía hoy sigue creciendo. No podría entenderse sin la figura de Máximo Cuervo quien, para bien o para mal, ocupa un lugar en la historia de Aguadulce que nadie puede negar.


(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de enero de 2016, en la sección «De Turaniana a Las Roquetas»)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

«Adeste fideles» en latín y castellano

Adeste fideles laeti triumphantes
Venite, venite in Bethlehem
Natum videte, Regem angelorum
Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

Cantet nunc io Chorus angelorum,
Cantet nunc aula caelestium
Gloria, gloria in excelsis Deo
Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

Aeterni Parentis splendorem aeternum,
Velatum sub carne videbimus:
Deum Infantem, pannis involutum
Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

Ergo qui natus die hodierna
Jesu, tibi sit gloria
Patris aeterni Verbum caro factum
Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

Deum de Deo, Lumen de Lumine,
Gestant puellae viscera,
Deum verum, Genitum non factum.
Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

En grege relicto, humiles ad cunas,
Vocati pastores adproperant:
Et nos ovanti gradu festinemus.
Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

Stella duce magi, Christum adorantes,
Aurum, tus, et myrrham dant munera.
Iesu infanti Corda praebeamus;
Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

Pro nobis egenum, et foeno cubantem,
Piis foveamus amplexibus:
Sic nos amantem quis non redamaret?
Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.
Acudid, fieles, alegres, triunfantes
venid, venid a Belén
ved al nacido Rey de los ángeles
Venid adoremos,Venid adoremos
venid adoremos al Señor.

Cante ahora el Coro de los ángeles,
cante ahora la corte celestial,
Gloria, gloria en las alturas a Dios.
Venid adoremos,Venid adoremos
venid adoremos al Señor.

El esplendor eterno del Padre Eterno
lo veremos oculto bajo la carne
Al Dios Niño envuelto en pañales
Venid adoremos,Venid adoremos
venid adoremos al Señor.

Helo aquí nacido, en este día
Jesús, a ti sea la gloria
Del Padre Eterno, Verbo hecho carne
Venid, adoremos, venid, adoremos
Venid, adoremos al Señor.

Dios de Dios, luz de luz
Lo gestan entrañas de niña,
Dios verdadero, engendrado, no creado.
venid,adoremos, venid, adoremos,
venid, adoremos al Señor.

Dejando el rebaño, humildes hasta la cuna,
Los pastores llamados vienen presurosos
Y nosotros marchamos con paso alegre.
venid,adoremos, venid, adoremos,
venid, adoremos al Señor.

La estrella conduce a los magos, adoran a Cristo
Oro, incienso y mirra, regalos que le dan.
Al niño Jesús el corazón le muestran
venid,adoremos, venid, adoremos,
venid, adoremos al Señor.

Por nosotros pobre y acostado en la paja
démosle calor con nuestros cariñosos abrazos
A quien así nos ama ¿quién no le amará?
Venid adoremos,Venid adoremos
venid adoremos al Señor.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Epodo XVII de Horacio

«Iam iam efficaci do manus scientiae,
supplex et oro regna per Proserpinae,
per et Dianae non movenda numina,
per atque libros carminum valentium
refixa caelo devocare sidera,
Canidia: parce vocibus tandem sacris
citumque retro solve, solve turbinem.
Movit nepotem Telephus Nereium,
in quem superbus ordinarat agmina
Mysorum et in quem tela acuta torserat.
Unxere matres Iliae additum feris
alitibus atque canibus homicidam Hectorem,
postquam relictis moenibus rex procidit
heu pervicacis ad pedes Achillei.
Saetosa duris exuere pellibus
laboriosi remiges Vlixei
volente Circa membra; tunc mens et sonus
relapsus atque notus in voltus honor.
Dedi satis superque poenarum tibi,
amata nautis multum et institoribus.
Fugit iuventas et verecundus color
reliquit ossa pelle amicta lurida,
tuis capillus albus est odoribus,
nullum a labore me reclinat otium;
urget diem nox et dies noctem neque est
levare tenta spiritu praecordia.
Ergo negatum vincor ut credam miser,
Sabella pectus increpare carmina
caputque Marsa dissilire nenia.
Quid amplius vis? o mare et terra, ardeo,
quantum neque atro delibutus Hercules
Nessi cruore nec Sicana fervida
virens in Aetna flamma; tu, donec cinis
iniuriosis aridus ventis ferar,
cales venenis officina Colchicis.
Quae finis aut quod me manet stipendium?
Effare; iussas cum fide poenas luam,
paratus expiare, seu poposceris
centum iuvencos sive mendaci lyra
voles sonare: ''tu pudica, tu proba
perambulabis astra sidus aureum.''
Infamis Helenae Castor offensus vice
fraterque magni Castoris, victi prece,
adempta vati reddidere lumina:
et tu, potes nam, solve me dementia,
o nec paternis obsoleta sordibus
neque in sepulcris pauperum prudens anus
novendialis dissipare pulveres.
Tibi hospitale pectus et purae manus
tuosque venter Pactumeius et tuo
cruore rubros obstetrix pannos lavit,
utcumque fortis exsilis puerpera.»
«Quid obseratis auribus fundis preces?
Non saxa nudis surdiora navitis
Neptunus alto tundit hibernus salo.
Inultus ut tu riseris Cotytia
volgata, sacrum liberi Cupidinis,
et Esquilini pontifex venefici
inpune ut Vrbem nomine inpleris meo?
Quid proderat ditasse Paelignas anus
velociusve miscuisse toxicum?
Sed tardiora fata te votis manent:
ingrata misero vita ducenda est in hoc,
novis ut usque suppetas laboribus.
Optat quietem Pelopis infidi pater,
egens benignae Tantalus semper dapis,
optat Prometheus obligatus aliti,
optat supremo collocare Sisyphus
in monte saxum; sed vetant leges Iovis.
Voles modo altis desilire turribus,
frustraque vincla gutturi innectes tuo
modo ense pectus Norico recludere
fastidiosa tristis aegrimonia.
Vectabor umeris tunc ego inimicis eques
meaeque terra cedet insolentiae.
An quae movere cereas imagines,
ut ipse nosti curiosus, et polo
deripere lunam vocibus possim meis,
possim crematos excitare mortuos
desiderique temperare pocula,
plorem artis in te nil agentis exitus?»