martes, 16 de mayo de 2017

V Recreación Histórica de la Paz de las Alpujarras en Padules

Los amantes de la Historia tenemos una cita los días 20 y 21 en el bello pueblo alpujarreño de Padules, en la provincia de Almería. Se trata de la quinta edición de la recreación histórica de la Paz de las Alpujarras, acaecida en este pueblo en 1570.

La firma de esta rendición supuso la conclusión de la Rebelión de las Alpujarras, que había comenzado en 1568, y que supuso el levantamiento de miles de moriscos en todo el Reino de Granada contra las autoridades castellanas. Tras la derrota morisca, su representante Hernando de Habaqui firmó la paz con Juan de Austria, de parte del rey Felipe II.

En esta recreación histórica se podrá contemplar las armas y armaduras de la época, variables según el bando morisco o castellano, así como la vida cotidiana del siglo XVI: vestimenta, alimentación, artesanía, música... A continuación os presentamos el cartel de esta edición y el programa del sábado 20 y domingo 21 de mayo.


Cartel de la Paz de las Alpujarras 2017


SÁBADO 20 DE MAYO DE 2017

A las 12:00 en la Plaza de las Escuelas:

• Entrada-desfile del ejército morisco, tercios, nobles y tren de bagaje, entre otros. Será ilustrado por historiadores y especialistas en panoplias militares, indumentario y vida de la época.

De 12:30 a 14:00 en el campamento, situado en la Rueda:

• Un viaje histórico a la España morisca y cristiana del siglo XVI para ver cómo luchaban, qué comían, cómo vivían...
• Instrucción militar de batalla: armas de fuego (culebrinas, arcabuces, pistolas), cuadro de picas, armas de asta, esgrima renacentista, arqueros, hondas, desfiles por el pueblo...
• Cocina histórica con degustaciones de platos moriscos, nazaríes y cristianos
• Talleres históricos demostrativos: telares, hilado de seda, construcción de instrumentos, sastrería, esgrima, arcabucería, cambistas, reclutamientos, lectura del Bando de Santa Fe...
• Música renacentista y exposición de instrumentos del siglo XVI con Ensemble La Danserye
• Corral de animales: rebaño de ocas, cabras, mulos, burros, etc., con desfiles y exhibiciones
• Estrado de las damas, puestos de moriscos, aguadoras, juegos infantiles, exhibiciones...

A las 12:45, la batalla:

• Exhibición narrada de técnicas de combate del siglo XVI con dos asaltos

A las 14:00, cierre del campamento, que volverá a abrir a las 17:30 con los mismos talleres

A las 18:00 en la iglesia:

• Concierto de música renacentista por La Danserye. Asistirá don Juan de Austria acompañado de miembros de la corte y y sus generales, todos ellos escoltados por las tropas. El pueblo llano y los espectadores aguardarán la llegada de Su Excelencia sentados en la iglesia tal y como manda el protocolo de la época. Una vez terminado el concierto, los organizadores ruegan a los asistentes que permanezcan en sus asientos hasta que salga la comitiva real.

Es preciso señalar que las distintas actividades serán narradas por especialistas y anunciadas en el pueblo por los niños con matracas, caracolas, cencerros y cañonazos.

A las 19:15, en el campamento:

• Escenificación de la Paz de las Alpujarras (rendición)


SÁBADO 21 DE MAYO DE 2017

De 10:00 a 12:30 en la Rueda:

• Historia en vivo de un campamento del siglo XVI. Un viaje histórico a la España morisca y cristiana del siglo XVI para ver cómo luchaban, qué comían, cómo vivían...
• Desayuno histórico
• Talleres demostrativos de oficios históricos, reclutamiento de tropas, música renacentista, exhibiciones de combate y armas históricas, encamisada, visitas guiadas al público...

A las 12:15:

• Exhibición de danzas renacentistas a cargo de «Damas y Caballeros de Pastrana»

A las 13:15:

• Clausura de la V edición de «La Paz de las Alpujarras»


Plano de Padules con los lugares destacados para la V edición de La Paz de las Alpujarras





domingo, 9 de abril de 2017

La Mojonera: de barriada de Felix a municipio


En 1958 se formó el poblado de colonización bajo el nombre de «Camponuevo del Caudillo», dependiente de Felix, que fue creciendo hasta dar lugar a la actual Mojonera


Fotografía aérea del pueblo de Colonización de Camponuevo del Caudillo, actual Mojonera. (Fuente: Instituto de Estudios Almerienses)

Un 10 de abril de 1984 La Mojonera conseguía constituirse como municipio propio, separándose de Felix. Desde entonces hasta 2015 ostentó el título del municipio más joven de la provincia, que ahora señorea Balanegra; sin embargo, en comparación con sus vecinas Roquetas, Vícar y Enix -también inicialmente felisarias- lograron la independencia cientos de años atrás. ¿Por qué La Mojonera tardó tanto?

Desde tiempos del Reino Nazarí de Granada la agricultura era impracticable en buena parte del Campo de Dalías. Como alternativa, la zona zona era aprovechado por los pastores de ganado trashumante, que bajaban desde las sierras cercanas a pasar el invierno. La situación se mantendría tras la conquista castellana y llegaría hasta el siglo XX.

Plaza principal del pueblo, con la iglesia y el edificio
administrativo. (Fuente: Instituto de Estudios Almerienses)
De hecho, si preguntásemos a nuestros bisabuelos, sólo recordarían a La Mojonera como un paraje con unos cuantos cortijos alejados de los grandes núcleos de la zona y adonde acudían los rebaños de ovejas y cabras a pastar. De hecho, recibe ese nombre por los «mojones» que en ella se encontraban para establecer el límite entre las tierras de Dalías (que hasta 1981 incluía a El Ejido) y de Felix (al que pertenecía La Mojonera junto a Roquetas, Vícar y Enix).

Pero esta situación va a cambiar radicalmente a en los años 30 y 40 del siglo XX tras el descubrimiento en la zona de los acuíferos que todavía hoy, aunque seriamente explotados, siguen proporcionando agua. Esto animó al franquista Instituto Nacional de Colonización a fundar una serie de pueblos en el este del Poniente Almeriense, dentro del proyecto nacional de fomentar la agricultura y el mundo rural.

Fotografía antigua del edificio administrativo, que después
sería el ayuntamiento. (Fuente: Instituto de Estudios Almerienses)
En concreto, nacieron El Parador, Las Norias, Las Marinas, la Puebla de Vícar, San Agustín, El Solanillo y, por supuesto, La Mojonera. A causa del habitual empeño de Franco de perpetuar su memoria, La Mojonera pasó a llamarse «Camponuevo del Caudillo», no recuperando su nombre original hasta una vez llegada la democracia que durante 36 años mantuvo secuestrada el dictador.

Pese a que la ausencia endémica de agua estaba solucionada, los primeros pueblos de Colonización se chocaron de frente con el problema de la alta salinidad del suelo, imposible de tolerar por la mayor parte de los cultivos. Buscando resolver el problema, los peritos del Instituto de Colonización se fijaron en un agricultura albuñolero afincado en Roquetas de 1954, quien conseguía abundantes cosechas cubriendo la tierra con arena de la playa.

Dicho y hecho, el enarenado y el agua se extendieron como la pólvora por el Poniente Almeriense, combinándose después con el cultivo bajo plástico. Estaban ya las condiciones necesarias para el triunfo de los pueblos recién fundados, como ocurrió con La Mojonera. El proyecto del trazado urbano fue realizado por Manuel Jiménez Varea en 1958, concluyéndose en 1969 en sucesivas fases.

El retablo de la Virgen de la Fuensanta preside la iglesia de
La Mojonera. Fue realizado por el ilustre almeriense
Luis Cañadas, siendo su única obra en las iglesias
de Colonización. (Fuente: Instituto de Estudios Almerienses)
Como todos los proyectos de Colonización, en La Mojonera se levantaron, junto a las numerosas casas de parcela, la iglesia, la escuela, la casas del maestro y el edificio administrativo, que se convertiría en el actual ayuntamiento. Es el color blanco el predominante en la arquitectura de esta época, que también se caracteriza por su tendencia a la horizontalidad frente a la verticalidad, con edificios de escasa altura. La excepción la constituye la torre de la iglesia, que por cierto guarda en su interior un bello retablo de la Virgen de la Fuensanta, obra del indaliano Luis Cañadas. Para ampliar información se puede consultar el libro «Los pueblos de colonización en Almería. Arquitectura y desarrollo para una nueva agricultura», de la colección del Instituto de Estudios Almerienses.

Escudo de La Mojonera
con la fecha «10 de abril
de 1984», el día en el que
se convirtió en municipio
independiente. (Fuente:
Wikimedia Commons)
Con el paso del tiempo el pueblo creció hasta superar en población a su metrópoli, Felix. Como solución se propuso trasladar la capitalidad del municipio hasta La Mojonera, tal y como se haría con Vicar viejo y la Puebla de Vícar; sin embargo, desde el propio consistorio felisario se pidió la segregación. Además, se daba la curiosa situación de que Felix y La Mojonera no tenían contacto, sino que entre ellos se intercalaba el término municipal de Vícar.

Fue entonces cuando un 10 de abril de 1984, tal y como comentábamos al comienzo de este artículo, oficialmente nacía La Mojonera como municipio. Corresponde a las autoridades mojoneras saber conservar y difundir su pequeño caminar en la historia, con la ventaja de que , por suerte, su estructura inicial no se ha visto especialmente modificada hasta convertirse hoy en un museo vivo de los poblados de Colonización de mediados del siglo XX.


(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de abril de 2017, en la sección «Especial Día de La Mojonera»)

miércoles, 8 de marzo de 2017

El milagro del enarenado

Hasta mediados del siglo XX el Poniente Almeriense era una zona pobre y poco poblada, pues su agricultura se encontraba limitada por la falta de agua y por la salitrosidad de los suelos, a lo que debemos sumar los fuertes vientos que en nada benefician a los cultivos al aire libre. Esto provocaba que, las pocas plantas que podían soportar estas pésimas condiciones, diesen escasos rendimientos. En consecuencia, sus habitantes se veían abocados a otras actividades complementarias como el pastoreo o la tan olvidada extracción de la sal.

Aunque existe un fuerte debate sobre el origen de esta técnica y del invernadero, en el que cada localidad intenta atribuírselo de una u otra forma, podemos encontrar algo de luz si acudimos al libro «Los pueblos de colonización en Almería», de la colección del Instituto de Estudios Almerienses. El origen lo encontramos en los agricultores de El Pozuelo y La Rábita (ambos en el término municipal de Albuñol), quienes desde finales del siglo XIX cubrían con arena algunas de sus parcelas. Esta costumbre se fue expandiendo hacia Guainos y Balanegra, ya en la provincia de Almería.

Estructura de un enarenado.
(Fuente: Juan José Gutiérrez Sánchez)
Dicha técnica consiste en colocar sobre la tierra una capa de estiércol y otra de arena. El estiércol le aporta los nutrientes de los que carece el suelo almeriense, mientras que la capa de arena evita la ascensión de la humedad por el proceso de capilaridad, impidiendo así la pérdida del agua que contiene el suelo. Además, tradicionalmente este agua ascendente tenía un alto contenido de sales que, al evaporarse, dejaba en la superficie una perjudicial capa salitrosa.

A Roquetas llegaría en 1954 el albuñolero Juan Sánchez Romera, que puso en práctica esta tradición. La expectación de los roqueteros fue mayúscula y lo calificaron de «locura», pues Juan acarreó con su burro varias cargas de arena de la playa a su terreno en La Romanilla y lo protegió con cañaveras. Mayor aún fue la sorpresa de sus vecinos cuando obtuvo una excelente cosecha de 504 kilos de judías.

Paralelamente, ese año se había iniciado la ampliación del núcleo de Roquetas por parte del Instituto Nacional de Colonización (INC), atraído por la solución al endémico problema del agua gracias al descubrimiento de los múltiples acuíferos que pueblan el subsuelo del Poniente, de donde se comenzó a extraer agua tras la construcción de pozos.

Sin embargo, hasta entonces el programa de Colonización había tenido escaso éxito ante las malas condiciones de la tierra: debido a la imposibilidad de cultivar cítricos u hortalizas por la salinidad del terreno, se había recurrido a otros cultivos, sin obtener tampoco buenos resultados. Fue gracias a una visita los técnicos del ICN a la parcela de Juan Sánchez cuando se percataron de que esta curiosa técnica era la única forma de sacar adelante los planes de atraer población al Poniente.

Tras una serie de pruebas satisfactoria en Aguadulce, el ICN financió en 1957 el enarenado 40 parcelas en Roquetas de Mar. Esto permitió que, lo que hasta entonces había sido un erial, se convirtiese en tierra fértil, multiplicándose los cultivos y el precio de los terrenos. A su vez, se corrió la voz y se aceleró la llegada de colonos, lo que permitió caminar sobre seguro en la construcción de los pueblos de colonización en los siguientes años: El Parador, Las Norias, La Mojonera, Las Marinas, Puebla de Vícar, San Agustín y El Solanillo. Esto explica la aparición de tantas nuevas localidades en una zona tan concreta como el este del Poniente Almeriense.

Labor de enarenado a principios de los años 60, en Aguadulce.
(Fuente: Instituto de Estudios Almerienses)
No debemos caer en el error de pensar que el enarenado y el invernadero almeriense nacieron a la vez, pues los primeros cultivos sencillamente eran protegidos del viento por un cercado de cañas. Sería en 1960 en la parcela del conocido Paco «El Piloto» cuando se cubrieron los cultivos con un pequeño túnel de plástico para mantener el calor, basándose en antecedentes en las Canarias e Israel. Fue 3 años más tarde cuando también gracias a «El Piloto» surgió el invernadero tipo parral, inspirado en el que se utilizaba para la uva de mesa. Este sistema permitía mantener unas temperaturas estables y producir varias cosechas al año, lo que además adelantó las cosechas e introdujo en el mercado productos en meses en los que tradicionalmente eran escasos, obteniendo así importantes beneficios.

En definitiva, no nos cabe duda de que, sin esta transición de una agricultura de subsistencia, para el autoconsumo, a otra industrializada y destinada a la exportación, hoy el Poniente Almeriense no sería lo que es. Cabe esperar a que este pasado reciente de nuestra comarca comience a ser valorado, estudiado y difundido como se merece, y no relegado al cajón de los olvidos en el que descansa buena parte de la Historia de Roquetas.

martes, 7 de febrero de 2017

La desprotección de los pueblos de Colonización (I): Las Marinas

Fotografía aérea Las Marinas en 1966. (Fuente: Instituto de Estudios Almerienses)
Si por algo se caracteriza el término municipal de Roquetas de Mar es por esta subdividido en múltiples barriadas y pueblos de norte a sur. No se trata de una anomalía ni de un defecto que deba ser corregido llevándose por delante parajes naturales como la Ribera de la Algaida, sino que debe ser entendido como un símbolo de pluralidad y, ante todo, como el resultado de una evolución histórica que nunca debemos olvidar.

Un total de cuatro de estos núcleos: El Parador, Las Marinas, El Solanillo y parte de Roquetas pueblo, encuentran su origen en las iniciativas que el Instituto Nacional de Colonización (INC) realiza en la década de los 50 y 60 en Almería. Se trataba de un organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, fundado en 1939 tras la victoria del bando franquista en la Guerra Civil. Para acercarnos a este proceso recomendamos el libro «Los pueblos de colonización en Almería. Arquitectura y desarrollo para una nueva agricultura», de la colección del Instituto de Estudios Almerienses, fruto de una admirable investigación histórica.

A las localidades mencionadas debemos sumar en el Campo de Dalías las fundaciones de la Puebla de Vícar, Las Norias, La Mojonera (entonces llamada «Camponuevo del Caudillo») y San Agustín. En el conjunto de la provincia también se crearon pueblos en la zona de Huércal-Overa y el Campo de Níjar. Debemos aclarar que no se trató de un proyecto circunscrito a Almería, sino que se fundaron poblados en todo el territorio español.

La situación del Poniente Almeriense era francamente complicada: debido a la salinidad del terreno, la agricultura era tremendamente pobre y el único aprovechamiento posible era el pastoreo. Sin embargo, la situación cambió con el descubrimiento de acuíferos en el subsuelo de la comarca y el desarrollo de la tecnología de pozos para extraer el agua, que facilitó que en 1941 se declarase al Campo de Dalías «Zona de Interés Nacional». Tras una nueva ley en 1953 que permitía las expropiaciones a particulares para crear pueblos y parcelas de cultivo, pronto el Estado empezó a fundar los primeros pueblos.

Fundación de Las Marinas

En 1954 se amplía el pueblo de Roquetas (el entorno de la actual Plaza Alcalde José Pomares) y se funda El Parador; en 1958, Las Marinas; y en 1968, El Solanillo. Nos encontramos a su vez un proceso paralelo en la agricultura que, sin duda alguna, es la clave del éxito de estos nuevos pueblos: el «milagro del enarenado», que consistía en cubrir con arena la tierra para evitar la evaporación del agua y combatir la salinidad.

Centrándonos en Las Marinas, se construyeron un total de 62 viviendas en dos fases: 1958 y 1962. Su plano tiene una estructura clara, con un núcleo en el que se sitúa un bulevar rodeado por la iglesia, edificios administrativos y dependencias para el ocio, la artesanía y el comercio. En su entorno se disponen sucesivas manzanas de casas de una o dos plantas con pequeñas parcelas adosadas de distintos tamaños, que se entregaban a los colonos dependiendo de la dimensión de la familia que la ocuparía. Como se ve en la fotografía aérea, en las proximidades se encontraban los terrenos que también se entregaban a los colonos para su explotación.
Interior de la Iglesia de Santa María del Mar, en Las Marinas.
(Fuente: Instituto de Estudios Almerienses)

El proyecto de cada pueblo con sus viviendas se encargaba a un mismo arquitecto, que en este caso corrió a cargo del madrileño José Luis Fernández del Amor, a quien también debemos la Puebla de Vícar y Campohermoso. Destacó por unificar la arquitectura popular con las nuevas tendencias artísticas, algo que vemos especialmente en la parroquia de Las Marinas, la Iglesia de Santa María del Mar, que destaca por sus vidrieras.

Iniciativas para su conservación

En los últimos años los envites de la presión urbanística ha hecho bastante daños a todos los pueblos de colonización. Esto ha sido posible debido a la escasa protección por parte del Ayuntamiento de Roquetas, que en el Plan General de Ordenación Urbana sorprendentemente sólo ha establecido la preservación de los espacios libres y los patios de vecinos, no de los propios edificios. Esto ha permitido que muchos de ellos hayan sido sustituidos por bloques de pisos que rompen la unidad de su entorno, o incluso declarados en estado de ruina por parte del Ayuntamiento y derrumbados después, sin ofrecer la restauración como alternativa.

Quizás Las Marinas sea la localidad donde más casas han sobrevivido a la vorágine de la burbuja inmobiliaria, aunque algunas de las viviendas ya han sido derribadas, rompiendo la armonía del conjunto histórico y restándole valor. Esto nos invita a la esperanza de que los edificios restantes puedan ponerse en valor, pues son la mayor evidencia del origen histórico de esta barriada.

Teniendo conocimiento de que el Colegio de Arquitectos de Almería va a elaborar una guía sobre la arquitectura de Roquetas, pensamos que sería una buena oportunidad para elevar el grado de protección de estos edificios. Esto podría acompañarse con iniciativas por parte del Ayuntamiento para fomentar el conocimiento sobre los pueblos de colonización y los inicios de la agricultura bajo plástico en Roquetas.

Se trata de una necesidad apremiante, pues la ya iniciada desaparición de los edificios y viviendas primigenias de las distintas barriadas de Roquetas supondría la pérdida de un pedazo de nuestra historia más reciente, esa que todavía recuerdan nuestros padres y abuelos.


(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de febrero de 2017, en la sección «De Turaniana a Las Roquetas»)

martes, 10 de enero de 2017

Los paladines de la historia de Roquetas

Portada del libro
Viven en nuestro pueblo dos señores empeñados en que sepamos que Roquetas tiene mucha, muchísima historia. Y qué razón tienen. No se quejan, no se lamentan, no se manifiestan para que todos nos enteremos de ello, sino que directamente lo demuestran de la forma más incuestionable: a base de libros.

El pasado 27 de diciembre de 2016 nos lo volvieron a recordar estos dos valedores de la historia roquetera, Gabriel Cara González e Ignacio Jiménez Carrasco, con la presentación de su obra «De la mar. Familias del Puerto de Roquetas de Mar», en el que incluyen a los primeros pobladores del Puerto desde el siglo XVIII hasta la actualidad a través de 67 árboles genealógicos y más de 90 ramas familiares. Escogieron como lugar el salón de actos de la biblioteca, que se volvió pequeño ante un público que había acudido en masa, ansioso de conocer sus orígenes. Según posteriores declaraciones de Ignacio para esta sección, «la respuesta de la gente fue maravillosa».

De parte del Ayuntamiento intervinieron al comienzo del acto María Dolores Ortega, concejala de Educación y Cultura, y José Manuel Navarro, jefe de Protocolo del consistorio. A continuación tomó la palabra el hijo de uno de los autores, Gabriel José Cara Rodríguez, también historiador, quien explicó los distintos métodos para hallar a nuestros antepasados en el libro. Afanosamente los asistentes le seguían rebuscando entre las páginas de la obra e iban encontrado con sorpresa a sus más remotos familiares.

De izquierda a derecha, Ignacio Jiménez, Gabriel Cara
González y su hijo Gabriel José Cara Rodríguez.
(Fuente: Juan Pablo Yakubiuk)
Por fin intervino el padre, Gabriel Cara, quien declaró entre evidentes muestras de emoción las dificultades que había atravesado para lograr la conclusión del libro, a causa de su debilitada vista. Más tarde su hijo Gabriel José nos ha confesado que para su padre este libro «supone el colofón de toda una vida dedicada a demostrar que todos los pueblos tienen su historia», Roquetas entre ellos. También ha destacado el gran valor sentimental para las familias del Puerto pues, a través de sus fotografías «impone afectos, recuerdos y memorias, que nos ayudan a comprender nuestro pasado».

Finalmente el acto era concluido por Ignacio Jiménez, incansable recopilador de testimonios, fotografías y documentos de archivo, cuya labor ya había sido presentado por sus dos compañeros como la innegable base de este libro. «Lo hacemos con la ilusión de que la gente sepa que Roquetas tiene historia», nos ha contado Ignacio con franqueza.

El trabajo de Gabriel e Ignacio ha sido una labor silenciosa, de poco a poco, un «parto de nueve años» como cariñosamente lo llamaron sus autores debido a los contratiempos de la salud que han ido retrasando sucesivamente su publicación. Una tarea de la que los roqueteros estaremos eternamente agradecidos y que todavía no ha concluido, pues para finales de año esperan sacar el segundo volumen que incluirá los apellidos de la L a la Z.

Sabiendo que el libro está teniendo una acogida sensacional y que ya se han vendido la mitad de los libros impresos, desde estas líneas sólo nos queda concluir mostrándoles nuestro eterno agradecimiento y pedirles que nunca, jamás, dejen de recordarnos que el rico pasado que tiene Roquetas.


(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de enero de 2017, en la sección «De Turaniana a Las Roquetas»)

martes, 6 de diciembre de 2016

«Fortificar es comenzar a ganar»: búnkeres en Roquetas de la Guerra Civil

Uno de los carteles propagandísticos de la
República en favor de las fortificaciones.
(Fuente: Centro Documental
de la Memoria Histórica)
En julio de 1936 un sector del ejército se sublevaba en el protectorado español de Marruecos contra el gobierno de la Segunda República Española, que había surgido de las elecciones celebradas meses antes. Al frente de los rebeldes se encontraban generales como Queipo de Llano, Sanjurjo, Mola y, por supuesto, Franco. Éstos planearon un golpe de Estado con el que hacerse rápidamente con el poder, pero que se transformó en la Guerra Civil que conocemos y que no concluiría hasta el 39.

A los pocos días un grupo de militares partidarios de la sublevación intentó tomar el poder en Almería. Sin embargo, las organizaciones sindicalistas habían armado a los obreros, que fueron reforzados por contingentes mandados por la República, garantizando la fidelidad de la ciudad al régimen democrático. Algo similar ocurrió en las provincias cercanas (salvo Granada capital), por lo que como consecuencia en los primeros meses el frente terrestre de batalla se mantuvo alejado de Almería. Pero las guerras en el siglo XX también se libraban por mar y aire.

Como nos cuenta Rafael Quirosa-Cheyrouze, profesor de Historia Contemporánea de la UAL, en el libro «Los refugios de Almería: un espacio para la vida», a finales del 36 la aviación y la marina franquista, alemana e italiana intensificaron sus ataques sobre Almería capital. Este avance en el acoso a la ciudad culminaría con el famoso bombardeo del 31 de mayo de 1937 por parte de un acorazado de la Alemania nazi. Además, en el sur de España el cerco se había ido cerrando hacia Almería tras la caída de Málaga en febrero de ese año. Como respuesta a estos continuos ataques y el inminente avance del ejército «nacional», se hizo así necesario construir un sistema que defendiese la costas españolas en manos republicanas.

El litoral almeriense ya había sido fortificado en otras ocasiones: tanto en el siglo XIV para defender el Emirato nazarí de Granada de las incursiones cristianas, como posteriormente en los siglos XVI y XVII para defenderse esta vez de los piratas berberiscos. Pero los tiempo habían cambiado mucho desde entonces y los castillos y torreones de piedra poco podían hacer ante las técnicas militares del siglo XX. La única defensa posible consistía en fortines mejor preparados, desde los que atacar con ametralladoras.

Fortín de las antenas de Aguadulce.
(Fuente: Juan Pablo Yakubiuk)
Siguiendo ahora con el recomendable libro «Castillos, fortificaciones y defensas», editado por el Instituto de Estudios Almerienses, sabemos que se redactó un Plan de Fortificaciones de Retaguardia que se puso en práctica entre el 37 y el 38, para cubrir esta necesidad de proteger el territorio republicano frente al avance del ejército rebelde. Roquetas, municipio costero por excelenecia, no fue una excepción: debemos enumerar la existencia de al menos tres búnkeres defensivos en el término municipal. Tal y como nos tiene acostumbrados el Ayuntamiento, estos pequeños monumentos tampoco son una excepción en su sistemático abandono hacia el patrimonio histórico.

Los búnkeres defensivos son construcciones parcialmente subterráneas, realizadas en hormigón armado y con una serie de aspilleras desde las que disparar. Uno de ellos se sitúa próximo a las antenas de Aguadulce, desde donde se divisan unas maravillosas vistas; junto a él hay un polvorín donde se resguardaban los soldados, que todavía permanece en pie. Próximo al faro de Roquetas había un segundo búnker, hoy desaparecido como consecuencia de la voracidad urbanística y a la nula protección por parte de las administraciones competentes. Un tercero sigue existiendo también cerca del Puerto y entre invernaderos. A éstos debemos sumar alguno más que, como nos cuentan varios testimonios, permanece oculto en parcelas privadas. En consecuencia sabemos que todavía contamos con un mínimo de dos fortines, pese a que desde el Ayuntamiento actúen como si no existiesen.

Fortín en las proximidades de El Puerto de Roquetas.
(Fuente: Juan Pablo Yakubiuk)
Estas estructuras se encuentran muy dañadas y repletas de basura, a la espera de que alguien mueva un dedo en favor de su rehabilitación; de hecho, ni siquiera gozan de ningún tipo de protección por parte de las ordenanzas municipales. Correctamente acondicionadas, se podrían convertir en un museo vivo que nos permitiría comprender mejor el transcurso de la Guerra Civil en Roquetas y en un complemente perfecto al turismo de sol y playa. La prueba está en el existoso ejemplo de los vecinos refugios de Almería.

Si hoy siguen en pie, se debe a la fortaleza de los materiales con los que se realizaron. Pero hasta que alguien se digne a protegerlos, restaurarlos y musealizarlos, nuestros búnkeres seguirán permaneciendo en pie, tristemente deteriorados por el paso del tiempo, desafiando a aquellos cuyo modelo urbanístico reside en la burbuja inmobiliaria y no en el respeto al patrimonio histórico.


(Artículo escrito por Juan Miguel Galdeano Manzano y publicado en el Ideal de Roquetas, Vícar y La Mojonera en la edición mensual de diciembre de 2016, en la sección «De Turaniana a Las Roquetas»)